martes 29 de septiembre de 2009

AMOR

La rosa de los vientos ha venido esta noche a llevarme con ella y mantiene la veleta siempre mirando al Sur porque allí se encuentra el mar, el mar de sus ojos, el mar por donde navega éste torpe marinero sin rumbo.
Un viejo canto de sirena me dijo que en el corazón se encuentra todo lo bueno y lo malo del hombre. Entonces le pregunté aturdido que cómo era posible que moraran juntos el bien y el mal. La Sirena señaló al horizonte, justo donde el mar y el cielo se reparten sus mitades, justo donde parece que son una sola cosa... "Mira", me dijo, "si no tuvieran diferente color, parecería lo mismo, sin embargo, no lo son, no son lo mismo". Ella bajó la mirada entristecida. "¿Qué te pasa, Sirena? ¿Por qué te has puesto tan triste?", le pregunté. "Los ojos del hombre miran, pero no ven y su corazón late pero él no lo escucha" Rápidamente me froté los ojos y después puse mi mano en mi pecho... "No, Sirena, estás equivocada, yo veo y aunque estoy algo sordo del oído ya, siento a mi corazón latir perfectamente", le dije preocupado por su alocada sentencia. Entonces, ella me miró por un instante y desapareció bajo el océano. Regresé a aquel lugar todas las tardes para buscarla, pero nunca más la volví a ver.
Veintidos años después, cuando ya mi edad se cansó de ser joven, atraqué en un puerto. Decidí continuar tejiendo la maraña de mi existencia en tierra firme, pasear por las calles de aquel entrañable pueblo. Y, por primera vez, sentí las flores del campo perfumando mis pulmones, compré ropa nueva y zapatos nuevos, y frente al espejo, no podía reconocerme a mi mismo: ¿ese que está ahi soy yo? Abracé con mi mirada la alegría del tabernero, acaricié satisfecho su amistad y su consejo, paré el tiempo para desear y amar apasionadamente a una mujer, incluso olvidé por un momento el mar y me senté a ver pasar a los niños que volvían de la escuela. Mi corazón latía con fuerza, con una fuerza para mí desconocida, ¿me estará dando un infarto? ¿habrá llegado mi hora? Pero, ni me estaba asfixiando, ni mi cara se había tornado pálida, ni tenía ningún síntoma que indicara tal tragedia. Entonces me acordé de la hermosa Sirena: ¡Mi corazón! ¡Oh, Dios mío! ¡mi corazón! ... ¿Habré recuperado el oído?

lunes 28 de septiembre de 2009

FELICIDAD

Debe ser felicidad, por cierto: Sentir lo que siento, ser lo que soy y lo que no soy. Tengo la llave que todo lo abre, tengo las manos, tengo las piernas y hay un camino por donde caminar... Aprendí las lecciones de ayer, pero aún me quedan las lecciones de hoy. Y mañana, al amanecer, el día volverá a ser mi maestro.

He podido ensimismarme con una mano en el hombro, una mirada en las nubes, una sonrisa valiente, un silencio cobarde, una huella en la arena, un océano de soles en noches de tormenta. Tal vez una caricia intencionada, un beso sin espinas, una rosa apasionada..., qué se yo. Un amigo imaginario que dejé en el parbulario, cuando recuerdo que del suelo no levantaba 5 palmos, me decía que hasta los pájaros llevaban un reloj en los bolsillos. Torpes palabras.
Pero al mirar la luna esta noche entiendo que las estrellas viven respetando el luto del final del día. Y en cada noche encuentran un momento para brillar. Adoro la generosidad de las almas, la belleza inaudita que sólo existe cuando me prestas tus oídos. Tendríamos que querernos tanto para hacerlo eterno..., me digo pensando en ti.
El miedo nació siendo torero para esos ratitos que queman los instantes de mi felicidad. Una botella de vino para dos, copas de cristal de bohemia para un Sauternes del 2005, la suave luz de las velas, una conversación interesante, una mirada cómplice, un rictus ostentoso... Un cigarrillo abano y birutas de chocolate. Con elegancia y con estilo, con cariño y siempre con cariño.
Y mientras observo, mientras derramo sostenidos y bemoles en el pentagrama de mis miedos, enciendo una cerilla para quemar lo que no entiendo. Me ocupa sitio y presiento que jamás entenderé esos misterios. Por lo que, mochila al hombro, camino, y a cada paso un sueño, un ratito, un momento. Y lo guardo en mi mochila como un tesoro concreto, con cuidado entre mis manos para que no se escurra entre mis dedos, para llevármelo a mis noches tristes y de la gloria al cielo.

domingo 27 de septiembre de 2009

PASIÓN

Madrid, octubre de 1987. Largas colas para entrar. ¿Quiénes son los actores? Dicen que la actriz principal es una joven promesa. El era un loco enamorado de la vida, de su vivir, de su propia historia, y le resultaba fácil descifrar los secretos de una pasión.

La pasión se subía a los escenarios y resultaba ser la protagonista de una tragedia romántica que yo ya había escrito en mi memoria mucho antes de su estreno. El se sentó en el patio de butacas. Llegaba tarde pero no le importó levantar a toda la fila para sentarse en su asiento. Mientras, ella recitaba un soneto con voz de ángel herido. Cayó al suelo pero con agresivo coraje levantó para aclamar la atención de los espectadores. Fue sintiéndose cada vez más fuerte. El público de la sala guardaba silencio. Respeto. Unos violines tocaban obedientes su partitura y en el pentagrama de su cuerpo se dibujaban las notas mientras se desprendía de aquellas vestiduras... La pasión sonreía porque el placer estaba invitándola a tomar unas risas antes de morir. Amable verdugo. Él miraba fijamente cómo el vestido resbalaba por su cuerpo hasta caer rendido a sus pies y entendía que, de algún modo, él también estaba cayendo. Lasciva, con piel cálida y sedosa..., oh tentadora juventud. Entonces, él cerró los ojos y un escalofrío le avisó de que estaba solo. Su alma se había marcado veinte pasos para llegar hasta las tablas del escenario. Allí se sentó a mirarla como un niño en su tiempo de recreo. Ella le devolvió la mirada tras un sutil giro de cuello y durante el último minuto se quedaron mirando fíjamente. Silencio. Se apagan las luces. Baja el telón. Aplausos. El teatro en pie. Encienden las luces. Sube el telón. Más aplausos.
Yo esperaba entre bastidores. Mientras la pasión se desnudaba en su gran estreno, yo escribía mi próxima obra, precisamente la que se derramaba gratuitamente ante mis ojos y en la que sólo yo estaba reparando.
Cae el telón. Ahora se quién eres, me dije, ahora se cuál es tu papel en este Teatro.

viernes 25 de septiembre de 2009

LOCURA

La vida es una locura donde faltan locos. La cordura es mi única enemiga. La razón es su única aliada y, mientras me hacen la guerra, yo me empeño en volverme loca...

Locura, me he tatuado tu nombre en el alma y he desterrado todos los motivos que me dieron para no amarte. Tu me haces perder la cabeza y cuando la pierdo, encuentro todo lo que me hace falta para vivir...

Oh, dulce y generosa Locura. Tu entregas sin miedo a quedarte sin nada, me miras, me sonríes, me llenas las manos, te marchas... Y siempre vuelves con más. Has llenado de pasiones mis sueños, colmas de ilusión mis alegrías. Ya a penas me despierto de madrugada porque tú estás conmigo. Siento cómo me arropas, me acaricias y me amas. Luego cierro los ojos y sigues estando a mi lado... Me has robado en cada beso un trozo de miseria y a cambio has desatado mis alas para que pueda volar por tu cielo....

Quiero volverme loca,
ser tu esclava eternamente.
Quiero romper mis olas
donde nadie las encuentre.
Pregonaré en cada orilla
los versos que te escribí,
cuando soñaba tu cuerpo
y tu manera de sentir.
Oh, dulce Locura.
Te doy lo que pidas,
y que a nadie se le ocurra
separarnos en la vida.
¿Qué nos importa la gente
que de locuras no entienden?
Deja que hablen, que digan...
¿qué más da lo que piensen?
Deja que me llamen loca...,
por pertenecerte.

martes 22 de septiembre de 2009

LOS CAMINOS DE LA AMBIGÜEDAD

Caminamos por la vida conformando nuestra leyenda personal y entramos en el juego de elegir los senderos por dónde seguir. Por este motivo, porque somos nosotros los que elegimos la senda, no tenemos motivo o razón para protestar.


No me arrepiento de los problemas en los que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron a donde deseé llegar. Llevo conmigo marcas y cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví y recompensas de lo que conquisté.

Tu y yo hemos nacido para luchar por lo justo, somos como el Guerrero de Coelho: Lo que haya sido importante permanecerá, lo inútil desaparecerá. El Guerrero no está encargado de juzgar los sueños del prójimo y no pierde el tiempo criticando las decisiones ajenas.


Para tener fe en nuestro propio camino, no necesitamos probar que el camino del otro está equivocado... Afortunadamente, tu corazón late cada instante para seguir amando y para ello lo sigues abriendo cada día aún sabiendo que va desnudo por la vida.


Si tiene o no tiene sentido caminar por la oscuridad es una cuestión de equipaje. Suelo llevar cerillas y no siempre las uso para encenderme un cigarrillo. Hay personas que aún con 2 millones de soles alumbrando su camino son incapaces de ver lo que tienen delante...



Si me equivoco o hago lo correcto, no deja de formar parte de mis decisiones y jamás una decisión ha sido considerada un error por alguien que supo siempre lo que quería. Seguimos caminando, haciendo camino, mirando al frente, con la sonrisa puesta porque no tiene motivos para quitársela.


Puedes acertar o, todo lo contrario, no hacerlo. Pero si no aciertas, ¿qué es lo peor que puede pasar? Elegir un vino u otro, usar tenedor o cuchara... Me dijo mirándome a los ojos que lo importante era vivir, no pararse en el camino más de lo debido.

Posiblemente, haya trenes a los que no deba subirme pero, si no lo hago, ¿cómo podré saberlo?